Premio Nobel en medicina

Temporada de Enfermedades
septiembre 13, 2018

El premio Nobel en fisiología y medicina de 2018 se otorgó conjuntamente a James P. Allison y Tasuku Honjo “por su descubrimiento de la terapia contra el cáncer mediante la inhibición de la regulación inmunitaria negativa”.

El cáncer mata a millones de personas cada año y es uno de los mayores desafíos de salud de la humanidad. Al estimular la capacidad inherente de nuestro sistema inmunológico para atacar a las células tumorales, los Laureados Nobel de este año han establecido un principio completamente nuevo para la terapia del cáncer.

James P. Allison estudió una proteína conocida que funciona como un freno para el sistema inmunológico. Se dio cuenta de la posibilidad de liberar el freno y, por lo tanto, liberar a nuestras células inmunitarias para atacar los tumores. Luego desarrolló este concepto en un nuevo enfoque para el tratamiento de pacientes.

Paralelamente, Tasuku Honjo descubrió una proteína en las células inmunitarias y, después de una exploración cuidadosa de su función, finalmente reveló que también funciona como un freno, pero con un mecanismo de acción diferente. Las terapias basadas en su descubrimiento demostraron ser sorprendentemente efectivas en la lucha contra el cáncer.

Allison y Honjo mostraron cómo diferentes estrategias para inhibir los frenos en el sistema inmunológico pueden usarse en el tratamiento del cáncer. Los descubrimientos seminales de los dos laureados constituyen un hito en nuestra lucha contra el cáncer.

Un nuevo principio para la inmunoterapia

Durante la década de 1990, en su laboratorio de la Universidad de California, Berkeley, James P. Allison estudió la proteína de las células T CTLA-4. Fue uno de los científicos que habían observado que CTLA-4 funciona como un freno para las células T. Otros equipos de investigación explotaron el mecanismo como objetivo en el tratamiento de las enfermedades autoinmunes. Allison, sin embargo, tuvo una idea completamente diferente. Ya había desarrollado un anticuerpo que podía unirse a CTLA-4 y bloquear su función. Por lo que se propuso investigar si el bloqueo CTLA-4 podría desactivar el freno de células T y desatar el sistema inmunológico para atacar a las células cancerosas. Allison y sus compañeros de trabajo realizaron un primer experimento a fines de 1994, y en su entusiasmo se repitió de inmediato durante las vacaciones de Navidad. Los resultados fueron espectaculares. Los ratones con cáncer se curaron con el tratamiento de anticuerpos que inhiben el freno y desbloquean la actividad de las células T antitumorales. A pesar del poco interés de la industria farmacéutica, Allison continuó sus intensos esfuerzos para desarrollar la estrategia en una terapia para humanos. Pronto surgieron resultados prometedores de varios grupos, y en 2010 un importante estudio clínico mostró efectos sorprendentes en pacientes con melanoma avanzado, un tipo de cáncer de la piel. En varios pacientes desaparecieron signos de cáncer remanente. Tales resultados notables nunca se habían visto antes en este grupo de pacientes.

Descubrimiento de la PD-1 y su importancia para la terapia del cáncer

En 1992, unos años antes del descubrimiento de Allison, Tasuku Honjo descubrió a PD-1, otra proteína expresada en la superficie de las células T. Decidido a desentrañar su papel, exploró meticulosamente su función en una serie de elegantes experimentos realizados durante muchos años en su laboratorio de la Universidad de Kyoto. Los resultados mostraron que el PD-1, de forma similar al CTLA-4, funciona como un freno de células T, pero mediante un mecanismo diferente. En experimentos con animales, el bloqueo de PD-1 también se mostró como una estrategia prometedora en la lucha contra el cáncer, como lo demuestran Honjo y otros grupos. Esto allanó el camino para utilizar PD-1 como objetivo en el tratamiento de pacientes.  Se produjo el desarrollo clínico, y en 2012 un estudio clave demostró una clara eficacia en el tratamiento de pacientes con diferentes tipos de cáncer. Los resultados fueron dramáticos, lo que llevó a una remisión a largo plazo y una posible cura en varios pacientes con cáncer metastásico, una condición que previamente se había considerado esencialmente intratable.

 

Fuente: The Nobel Prize in Physiology or Medicine 2018